Tuesday, October 17, 2006

Estos son poemas intimistas, y exploran, con un tono sutil entre la reflexión y la ensoñación, los susurros y meditaciones del estado de vigilia.
Odenis Bacallao Mesa




Dibujos y poemas de Luis Fernando Quirós
luquiva@gmail.com
luisfernandoquiros.blogspot.com
lufequiva





“Sobre mi lecho, por las noches,
yo buscaba al amado de mi alma.
Lo busqué y no lo hallé”.
Cantares 3,1

1

La botella que lanzo al océano
no contiene ninguna nota,
son sólo soplos de amor.

2

Quisiera volver a dibujar, este estuche
y darme la libertad, quizás,
sin prisa, hacerlo tal y cual me siento, hoy.

Recomponer mi propia forma,
acomodar el ajedrez
ahí, donde promete la jugada.

Catar la esencia, de repente, por solaz
o por simpleza
mirar el rostro que no tengo.

Parecerme a ese árbol dibujado en frente
que cambió sus hojas y al tirarlas,
trazó una alfombra circular para mí.

3

Vida, retoño incierto
así como es la mía
en este tiempo, que no es el mismo.

4

Detente, no sigas,
ya lograste lo que buscabas
no bebas más este jugo
del sinsabor
que está vacío y, sin ser.

Si de todas maneras, lo piensas
¡hazlo!,
de una vez por todas
vuelve a tu trazo sin mirar atrás.

5


Agita esta fuente, como si fuera un brote
que se extiende
y aunque lo corten, volverá.
No insistas en motivar mis deseos
aunque apagados
encienden y quemarán todo.

6

¿Para qué decir no? Si en verdad
hay fuego
y permanece la duda respuesta
que trueca en ventarrón.

7

No vuelvas tus ojos, para buscar los míos
aunque estén ciegos
y sin vida, puede ocurrir cualquier cosa.

8

Retorna, Sol, retorna y
quémame,
en las arenas pardas, de la sensualidad.

Acrecienta en esta piel, y
mitiga
los deseos de fuego, retorna.

Cegadora luminosidad vuelve
y métete,
surca este cuerpo ansioso.

Tócame, que me adhiero
a tí,
pegajoso de miel.
Acrecienta Sol, a tu luz
me expongo,
para fundirme en tu fuego.

Arteria de fuego, que surte en mi mente
la memoria, y en esta ausencia,
evoco.

Madura en mí, un pensamiento
perdurable
para evocar tus fuegos.

Sangre, lágrimas, mudos gestos
que hoy cuecen mis alientos
entonen su canto para mí.

Escuchen, el rugido de mi voz, volcán.
que clama
entre letra y letra
absorbe silencios
una flama rojiza,
como mis carnes,
como mi cuerpo,
al levantar la copa
y brindar, por tus remembranzas.

9

Decía André Gide:
“lloro porque no tengo nada
que decir”
y, yo,
cuando no tengo
qué decir
qué ver
qué sentir
qué pensar
entonces, por simpleza
lloro.

10


Vibra, en un tiempo inanimado
tu hosco pulso
sobre los timbales del firmamento.
Hacia el tres veces fuerte resonar,
como punta de flecha
clavas; apagas tu fuego y te pierdes.

Como el trueno, en ese tiempo suspendido
suspiras
donde no existe minutero
donde se acabó el recuerdo.
Sinuoso perfil, al fluir
dibuja; cae, desgañita su tintineo,
y vuelve

desde la montaña,
el espejo del día,
enciende

bajo su hilo tembloroso, canto
cada mañana,
para limpiar mi cuerpo, de sudores, viles
y el tiempo.

Bordea el fractal de ramajes
y se filtra,
forcejeando entre la espesura.

Origina cada matiz, se posa en cada hoja
relata su inmersión, ahí
donde la brisa provoca escaramuzas.

11

Existe una palabra silenciosa,
que dispara
como la mirada empuña su arma.

Hace bailar al sordomudo
y despierta al ciego.
A la vida levanta al moribundo
a quien como yo, vive
de murmullos y flaquezas.

Verbo, afilado trueno,
rayo, cañón y tormenta,
nunca se sabe cuando empuñará el herbor de su furia
contra ti.

12

¿De qué me vale reclamar y dolerme?,
aunque se llevó
todo de mí, mucho me enseñó.

Aprendí a conocerme,
a amar, y
darme cuenta en qué medida deseo.
Saber que estoy dispuesto,
dar
y no tan sólo a recibir.
A darme cuenta, si son sinceras
mis lágrimas.
Si antes que vacío, estoy lleno.
A saber que soñé poseer
sólo un remedo
de avaricia,
y que ése no soy yo.
Convencido, de que en tanto perdí
gané
y que muriendo
permanezco.

13

Y, ¿por qué preguntarte,
si te hieren mis palabras?
Si sus letras las escogí entre espinas,
de un rosal que no da rosas,
sino afiladas navajas.

¿Por qué me pregunto,
si te hago daño?
Si amar puede ser arma
y no se regalan flores, sino certeras dagas.

14

Tiré tantos miles de palabras a la basura
que memoria no tengo,
ni lágrimas en mis ojos.

Gasté sus verbos en humedecer
estos ojos secos
que se ciegan, como mis oídos ensordecen.

Lancé tantos besos al absurdo
que olvidé
cómo saborearlos a escondidas.

Compuse tantos cantos sin saberlo
y aún hoy lo hago,
que me olvidé de cantártelos.

15


Deja que lágrimas de mis ojos te bañen
que de palabras acuosas están hechas,
y bordeen, de tus labios su dibujo inmemorial,
que no posee tiempo
es un suspiro
de letras incontables y versos,
indecibles, como los recuerdos.

Deja humedecerte por mis lágrimas
a cuestas en la vida
subiendo íntimos silencios.

Deja que mi barco navegue
en tus miradas
y anclar en sus espejos.

No soy capitán, ni marinero pero embarqué
para cruzar sus estuarios.
Deja...

Deja que te toque con mis versos
con sus letras
que emergen del deseo.

Deja que mi tacto conozca tu inmanencia
pues mis ojos, ciegos
sensibilidad perdieron.

Deja que te cante mis poemas
que me ahogan
de avidez, y ciegan la vida.

Deja que te sienta en mis noches
cuando sin saberlo
en tanto vivo, muero
siempre en ti.

16

Si me preguntas, ¿de quién
estaré enamorado? Te respondo
que de quien no conozco
pero siento, y en su fuego me fundo.
Quien nada sabe,
nada quiere,
nada tiene,
como yo,
en mi poquedad
sólo amo y siento.
Lo que tengo,
no es nada.
no soy nada
y estando vivo,
muero.

17

Cada palabra posee dentro de sí
una bendición
y una maldición.
Tu boca-proyectil es certera.

18

“Hay una palabra –decía Emily Dickinson–
que lleva una espada.”
No la blandees o empuñará contra ti.
La palabra es un bumerán
antojadizo,
que al retornar, si no sabes sujetarlo,
te golpeará.

19


Tanto qué hacer y por qué esperar.
Pero no te detengas.
No dejes que la prisa
te impida hacerlo,
el tiempo terrorista
te impida sentirlo, o
te secuestre para no verlo.

20

Dadme, del grisáceo ventarrón
su fuerza,
para aplacar la flama de este cuerpo.

Arde, volcánico flujo
rojonaranja, fúndete a mí.

Del rayo cegador dadme potencia,
para trazar en dibujos estos versos.

21

Claro, como el astro de la aurora
es dulce fuego,
así son mis evocaciones de ti, cuando
deambulan la atmósfera de mi vida.
Sacudo mi abrigo, lo abrocho
así me protejo en tu ausencia, cuando
el frío se escabulle
y tu ardor acrecienta.
Como la noche extingue
el incendio del día
y vaga en el tiempo,
esperando tu retorno.

22

Hoy, todo es veloz
todo va aprisa
te secuestra la inmundicia.

Rebotas, entre las manecillas del reloj
eres robado,
en el frugal desconcierto
de una mirada vaga.

Pero, a pesar de todo
aún puedes encontrar a
quien siente como tú, atesórales
ábreles el torrente de tus arterias;
para que reposen en tu discurrir.

Hoy, todo es veloz,
todo se agita,
el tiempo es simple basura,
es un terrorista.

23

Sentirme grato, quisiera
a Dios, a los míos, al otro,
sumido en el horno de la vida
y las miradas del mundo.

Tuyo soy, cuando puedo expresar
entre los bordes de Tu voluntad
entre los trazos de Tu verdad
en una apropiación, que profeso.

Me engreí con nimiedades, sin reparar
en las miradas del mundo,
lo que esa ojeada me trae de vuelta, y
apenas sospecho.

¿Cuándo dejaré que la poquedad,
que el adversario mi
ra en mí,
me minimice?

Me engreí con nimiedades, sin reparar
en las miradas del mundo sobre mí,
lo que esa ojeada me trae de vuelta, y yo
apenas sospecho.

Con mayor razón, hoy
que tuyo soy,
desconfío más de mí
y al alzar vuelo
las espinas de la zarza
encuentro.

24

En espera de un rayo
que clava como flecha,
vigilante soy,
tras apagar mi deseo,
sutura la herida y desaparece.

Esperando al adversario
el guardián nocturno enciende
su candil,
y permanece latente
ahí, sin ser visto.

25


Tanto que deseo, y la verdad
no quiero nada, tan solo retrotraerme,
ahí donde el Sol me ciñe
a un susurro que trocó en lágrima
que transustanció en sangre.


Cuando era niño decía saber
lo que aun busco.
¡Qué envidia!

En la estructura de aquel entendimiento
no existían murallas
hoy hay una prisión.

Era suficiente un lápiz y papel,
hoy una vida.

Ellos, los niños, lo dicen en garabatos
yo lo intento.

26

Por qué me encantan
los árboles?

Son únicos
aún así diferentes entre sí.

Son múltiples
aún así genuinos.

Me encantaría ser hoja
de árbol
que sólo con aire,
luz y agua
preparan su alimento.

Yo, en cambio,
que por reseco
soy tan quebradizo e inflexible.

27

Por qué me será tan difícil dibujar lo suave y flexible?
Acaso será que me ciño a un imposible?

28

Me encantan los objetos irónicos, ilógicos y a veces
Incomprensibles.

29

Intoxicación de deseos,
cuando la piel absorbe
los últimos rayos de luz
y abre los poros a los fríos de la noche.